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domingo 1 de noviembre de 2009

“Se ha querido presentar una imagen siniestra del movimiento objetor”

JAIME URCELAY, PRESIDENTE DE PROFESIONALES POR LA ÉTICA.

Contento por la actual situación del movimiento objetor a Educación para la Ciudadanía (EpC) y esperanzado por las últimas sentencias judiciales de Castilla y León que eximen a los alumnos de cursar la polémica materia, el presidente de Profesionales por la Ética, Jaime Urcelay, espera con interés la reunión que les ha prometido el ministro de Educación. Le propondrán una EpC ‘a la europea’ en la que no quepa el adoctrinamiento moral, para poner fin a un conflicto que, el curso pasado, se saldó con 1.000 niños fuera de las aulas.

- Parece que después de tres años de lucha, por fin van a poder hablar con el ministro de Educación

- El movimiento objetor vive un momento esperanzador por distintas razones, una de ellas, precisamente, porque por primera vez el ministro de Educación ha dicho, literalmente, que el tema de la objeción de los padres a EpC es muy importante y que está dispuesto a buscar una solución a partir del diálogo.

-Entonces, ¿habrá reunión?

-Por ahora no hemos tenido más noticias; estamos pendientes de que se convoque a las plataformas de padres objetores porque entendemos que se va a cumplir ese compromiso.

-¿Cuál será su propuesta para poner fin al conflicto?

- Parece que el ministro pone como única condición que se acepte que EpC es una asignatura obligatoria. Partiendo de esa base y teniendo en cuanta que el movimiento objetor nunca ha cuestionado que exista una asignatura como Educación para la Ciudadanía, sino el enfoque, los contenidos y los criterios de evaluación que la materia tiene en España y que nos parecen inaceptables, nuestra propuesta será que se revisen las enseñanzas mínimas.

-¿Cómo?

-Repasando los reales decretos por los que se establece el currículum obligatorio para quitar todos aquellos elementos que puedan dar lugar al adoctrinamiento moral y dejar exclusivamente los referidos a conocimientos de la Constitución y del sistema democrático y al estudio de las declaraciones de Derechos Humanos.

-Eso, en la práctica, ¿cómo se conseguiría? ¿Se trata de eliminar algunos puntos del programa de la asignatura?

-La revisión del currículo exige algo más que tachar palabras o frases. Supone en primer lugar, aceptar que los criterios de evaluación no pueden medir ni valorar comportamientos o actitudes sino solamente conocimientos.

-¿Y en segundo lugar?

-Descartar de los objetivos de la asignatura lo referido a la construcción de la conciencia moral de los alumnos y, desde luego, eliminar cualquier pretensión de imponer concepciones morales relativistas o que supongan la aceptación obligatoria de la ideología de género.

-¿Hay margen de negociación con el Ministerio, o es ésta la única solución que aceptarían?

- Como es lógico damos una oportunidad al diálogo y nuestra disposición es totalmente abierta al ofrecimiento del Ministerio.

-O sea, que hay margen

-Estamos dispuestos a escuchar cualquier alternativa de negociación que salvaguarde el objetivo de los padres, que no es otro que asegurar que se respeta la garantía constitucional de la libertad de educación. Así que cualquier fórmula que sea respetuosa con este principio nos parece que sería aceptable.

-Pero habrá algo que sea innegociable

-Sí: que la formación de la conciencia moral de los alumnos corresponde primordialmente -lo cual no quiere decir en exclusiva- a las familias.

- ¿Qué harán si no llegan a un acuerdo con el Ministerio?

-Seguir en la misma línea que hasta ahora y utilizar todos los medios legítimos a nuestro alcance -incluida la objeción de conciencia- hasta conseguir la plena garantía de los derechos de los padres.

-Los defensores de EpC les acusan de querer tumbar una asignatura que enseña diálogo, igualdad y respeto

-Sí; se ha querido presentar una imagen siniestra del movimiento objetor, como si los padres nos opusiéramos a una educación en los valores que hacen posible la convivencia, como son el respeto de todos, el diálogo como vía de solución de los conflictos o la solidaridad.

-Y ustedes, de siniestro, más bien poco, ¿no?

-Cualquiera que se haya molestado en conocer de cerca a las familias que están sosteniendo el movimiento objetor habrá podido confirmar que, en la inmensa mayoría de los casos, se trata de familias muy comprometidas con la educación de sus hijos y que en buena medida son modélicas en la trasmisión de los valores a los que he hecho referencia.

-¿Y eso no es educar para la ciudadanía?

-El problema de esta asignatura es que, con el pretexto de educar en unos valores que todos deseamos, se imponen determinadas visiones de la vida que no necesariamente tenemos por qué compartir.

-¿Cómo por ejemplo?

- Por ejemplo lo que ocurre con relación a la condición homosexual de las personas. Nosotros, como padres, defendemos y proponemos a nuestros hijos que se respete a cualquier persona al margen de su condición sexual.

-¿Pero?

- No aceptamos que se les enseñe que el ejercicio de la homosexualidad es una opción sobre la que no cabe un juicio ético o que afirmar que el matrimonio debe darse entre un varón y una mujer suponga discriminación para los homosexuales y lo que es más grave…

-¿Qué?

- Ser tachado de homófobo por ello.

Gestos que pueden cambiar la historia


Si alguien le pregunta a los padres objetores que han constituido España Educa en Libertad, cómo se sienten, hoy también responderían: «Mis pies, cansados. Mi alma, ¡liberada!».
En 1955, los negros sufrían la humillación de no poder compartir los lugares públicos con los blancos. Esa segregación era legal. Las leyes racistas fueron diseñadas para que los negros se sintieran inferiores y así mantenerlos marginados de la sociedad. Marginados e inferiores por ley. La Corte Suprema de Estados Unidos llegó a apoyar la segregación y las leyes estatales que eliminaban el voto para los negros.
Rosa Parks, una costurera negra de Montgomery, Alabama, trabajaba también, por aquellos años, en el movimiento de derechos civiles, en la Asociación Nacional para el Avance del Pueblo de Color (National Association for the Advancement of Colored People) en su ciudad natal. Sin duda desde esa asociación se trabajaba para acabar con esas leyes racistas, leyes profundamente injustas y moralmente inaceptables que, sin embargo, los ciudadanos, la ciudadanía americana, tan democrática, cumplía y asumía, como hay que hacer con todas las leyes… ¿O tal vez no?
Esta mujer que luchaba dentro de la legalidad por el avance de la gente de su raza, hizo un día algo heroico. Un simple gesto que fue el detonante para cambiar las cosas, tal como queda recogido en los libros, incluso en algunos de los de Educación para la Ciudadanía. Se negó a ceder su asiento en el autobús a un viajero blanco. En sus memorias relata este gesto con gran sencillez: «Mientras más obedecíamos, peor nos trataban. Aquel día estaba fatigada y cansada. Harta de ceder». Así de simple. Tan simple como son a veces las cosas más grandes. Un día se negó a cumplir la ley y este simple gesto cambió la historia, porque no se quedó en una anécdota. Fue el despertar de un movimiento que ya fue imparable.

Empezó por un boicot a los autobuses de Montgomery, con un seguimiento masivo que duró 382 días. En aquellos días, se hicieron marchas de varios kilómetros y al parecer, cuando les preguntaban cómo se sentían, algunos respondían: «Mis pies, cansados. Mi alma, ¡liberada!».
Gestos que remueven conciencias y movilizan a la gente; gestos que cambian la historia. Gestos que acaban con leyes injustas e inmorales.
¿Por qué me he fijado precisamente en el gesto de Rosa Parks? La historia está llena de gestos sencillos y de gestos grandiosos que podía haber recordado hoy. Por ejemplo, podía haber recordado a los santos Justo y Pastor, patronos de Alcalá de Henares, que murieron degollados con 7 y 9 años, por negarse a abjurar del cristianismo. Se negaron a cumplir un edicto de Diocleciano; se negaron a cumplir la ley.

Si he elegido el primer ejemplo ha sido porque es un gesto que nadie osaría criticar en este momento. Los mismos que critican con dureza a los padres objetores, a los que califican de insumisos; los mismos que intentan ridiculizarlos: «¡Yo voy a objetar a matemáticas porque no me gustan los polinomios!»; Los mismos que los amenazan: «¡Las leyes están para cumplirlas!»; los mismos que quieren acabar con los objetores de conciencia alaban la actitud de esta mujer.

En cambio, si podrían llegar a burlarse, incluso, de los Santos Niños, como lo hacen de los padres, porque no quieren entender sus razones; o porque, simplemente, no quieren respetarlas. Nadie se atrevería a cuestionar, en cambio, que Rosa Parks, aquel día, hizo lo que tenía que hacer: negarse a cumplir una ley injusta y actuar en conciencia porque sabía que ella tenía los mismos derechos que un blanco aunque la ley no se lo reconociera. La ley no tenía que concederle un derecho; tenía que garantizar que ese derecho que era suyo fuera respetado. Y ella no tenía que cumplir esa ley segregacionista.
Hoy en España hay leyes injustas, y se están gestando más. Leyes que permiten matar a los niños en el vientre de sus madres y que pretenden, incluso, convertirlo en un derecho. Leyes que pretenden arrebatar a los padres la formación moral de sus hijos, porque saben que los padres, con su amor, hacen hombres libres y el Estado, con su ideología, quiere ciudadanos a su medida. Ciudadanos que en el futuro no cuestionen, por ejemplo, que el aborto es un derecho si lo dice el Gobierno. No debemos someternos a estas leyes. No podemos hacerlo.
Hoy también estamos viviendo gestos importantes. Hoy también estamos viviendo un despertar de la sociedad, aún lento, pero imparable. El pasado 17 de octubre vivimos uno de esos maravillosos gestos. Cuando daban por zanjado el tema del aborto, la sociedad despierta y reabre un debate que no estaba muerto, que nunca lo estuvo. Que se lo digan a aquellos que han estado todos estos años intentando hacer oír su voz, haciendo gestos; tantos grupos provida que estaban ahí, salvando seres humanos, ayudando a madres asustadas a traer al mundo a sus hijos cuando otros muchos les ofrecían el aborto como una solución a su «problema». Hay que defender la vida del niño no nacido, siempre.
Los padres también están haciendo gestos, gestos importantes. Los padres y sus hijos. Un gesto: una primera objeción de conciencia que abrió el paso a otras miles. La creación de una primera plataforma de padres: un fenómeno espontáneo que se fue extendiendo por toda España, hasta tener más de 70. Padres que se niegan a cumplir una ley, porque saben que nadie puede arrebatarles su derecho y el de sus hijos. Aunque una sentencia, como ha ocurrido con el Tribunal Supremo, diga que no tienen razón. También la Corte suprema de Estados Unidos llegó a apoyar la segregación y la eliminación del voto de los negros.

¿Cambiaba eso en algo la verdad de las cosas? No. Los negros tenían razón, y al final la razón se impuso. Hubo que pelearlo, y como había gente dispuesta a hacerlo, cambiaron el sistema.
Sigue habiendo gente dispuesta a cambiar el sistema. Hoy, jueves 29 de octubre, hemos vivido otro gesto. Hoy se ha presentado la Federación de Plataformas de Padres por la Libertad de Educación, España Educa en Libertad. De momento ese nombre es un ideal a alcanzar; esperemos que llegue a ser una realidad. Una Federación nacional que surge de la voluntad de padres de toda España de hacer algo para cambiar las cosas. Esos padres que llevan tres años luchando, algunos en solitario en sus colegios, en sus pueblos, en sus ciudades… viendo cómo sus hijos van madurando, con las dificultades, entendiendo lo que significa seguir la conciencia y negarse a cumplir leyes injustas.

Esos padres que en su día dieron el paso de crear una plataforma para hacer frente a la intromisión del Estado, han dado hoy el paso de federarse, de unirse aún más, de aunar esfuerzos, de fortalecer esa red que, de hecho, ya se había tejido entre las plataformas, de adquirir una identidad común que les convierte en interlocutores imprescindibles ante el Ministerio de Educación para resolver el conflicto de EpC. Pero no quedará aquí la cosa. Si algo está teniendo de bueno esta ofensiva ideológica en la escuela, es que ha despertado a muchos padres. Padres que, como hizo Rosa Parks en su momento al negarse a cederle el asiento a un blanco aún a sabiendas de que incumplía la ley, se niegan a ceder el puesto al Estado como educador de sus hijos aunque eso suponga, también, incumplir una ley. Leyes así están para cambiarse, y mientras se cambian, están para incumplirse.
Esta Federación formada por padres tiene vocación de permanencia.

Es importante que el gesto, al igual que en el caso de los derechos civiles de los negros, vaya acompañado de la movilización posterior. Cada vez más padres, cada vez más plataformas incorporándose a esta Federación. Es mucho trabajo; es un gran esfuerzo, día a día, pero estoy segura de que si alguien le pregunta a los padres objetores que han constituido España Educa en Libertad, cómo se sienten, hoy también responderían: «Mis pies, cansados. Mi alma, ¡liberada!».

domingo 25 de octubre de 2009

Nadadores a contracorriente

JUAN MANUEL DE PRADA
Escribía Chesterton que sólo quien nada a contracorriente sabe con certeza que está vivo. Se trata, desde luego, de un ejercicio nada plácido, pues la energía que el nadador a contracorriente emplea en cada brazada no se corresponde con un avance proporcional; y basta con que flojee en su ímpetu para que la tentación del desistimiento haga mella en él. Quien nada a favor de la corriente, en cambio, no tiene que molestarse en bracear; y ni siquiera es preciso que esté vivo, pues la corriente seguiría arrastrándolo como si tal cosa. Las grandes batallas del pensamiento, las conquistas que han ensanchado el horizonte humano, siempre se han librado a contracorriente; y, con frecuencia, quienes se atrevieron a protagonizarlas fueron contemplados por sus contemporáneos como retrógrados, incluso como peligrosos delincuentes. Pero, junto al rechazo o incomprensión de su época, estos pioneros que osaron contrariar el «espíritu de los tiempos» pudieron proclamar con orgullo que estaban vivos; y con su sacrificio irradiaron vida en un mundo acechado por la muerte, convocaron a la vida a quienes por cobardía, por estolidez, por conformidad con las ideas establecidas nadaban a favor de la corriente.
Así debió ocurrir con los primeros patricios que, en la época de máximo esplendor del Imperio Romano, empezaron a manumitir esclavos, como aquel Filemón que, siguiendo las instrucciones de San Pablo, decidió acoger a su esclavo Onésimo como si de un «hermano querido» se tratase. Cuando Filemón manumite a Onésimo, la esclavitud no era tan sólo una institución jurídica plenamente reconocida, auspiciada y protegida por la ley; era también el cimiento de la organización económica romana. Según establecía el derecho de gentes de la época, los esclavos eran individuos que, aun perteneciendo a la especie humana, no eran «personas» en el sentido jurídico de la palabra, sino «bienes» sobre los que sus amos podían ejercer un «derecho» de libre disposición. Los nadadores a contracorriente como Filemón alegaron entonces que, más allá de los preceptos legales, existía un estado de naturaleza que permitía reconocer en cualquier ser humano una dignidad inalienable; y que tal dignidad era previa a su consideración de ciudadano romano. Aquella subversión del sistema legal establecido ponía en peligro el progreso material de Roma; y quienes entonces nadaban a favor de la corriente se emplearon a fondo en el mantenimiento de un orden legal que favorecía sus intereses. Tan a fondo se emplearon que la abolición de la esclavitud aún tardaría muchos siglos en imponerse; y no lo hizo hasta que el ímpetu pionero de nadadores a contracorriente como Filemón propició una metanoia social, un cambio de mente que antepuso ese meollo irrenunciable de humanidad que nos permite distinguir la dignidad inalienable de cualquier persona sobre los indudables beneficios económicos de la esclavitud. Y en el largo camino que condujo a esa conquista muchos Filemones fueron señalados como retrógrados, perseguidos y condenados al ostracismo.
Como ocurriera hace dos mil años a los primeros patricios romanos que empezaron a manumitir esclavos, ocurre hoy a quienes se oponen al aborto. Los nadadores a favor de la corriente los anatemizan y escarnecen, los calumnian presentándolos como detractores de los «derechos de la mujer», los caracterizan como sombríos «retrógrados» que amenazan el progreso social. Pero, como aquellos primeros patricios romanos que reconocieron en cualquier persona una dignidad inalienable, quienes hoy se oponen al aborto no hacen sino velar por ese meollo irrenunciable de humanidad que nos constituye, que nos permite reconocer como miembro de la familia humana a quien aún no tiene voz para proclamarlo, que nos impone proteger la vida gestante, la más desvalida e inerme, como garantía de nuestra propia supervivencia moral, para que no nos ocurra lo que Marcel Proust denunciaba, al describir el clima de corrupción en el que se desenvolvían sus personajes: «Desde hacía tiempo ya no se daban cuenta de lo que podía tener de moral o inmoral la vida que llevaban, porque era la de su ambiente. Nuestra época, para quien lea su historia dentro de dos mil años, parecerá que hubiese hundido estas conciencias tiernas y puras en un ambiente vital que se mostrará entonces como monstruosamente pernicioso y donde, sin embargo, ellas se encontraban a gusto».
El día en que nos encontremos a gusto en un ambiente vital que consagra el aborto como «derecho» habremos dejado de merecer el calificativo de humanos; porque simplemente habremos dimitido de la razón, que es -según nos enseñaba Aristóteles- capacidad de discernimiento sobre lo que es justo y lo que es injusto. Y cuando el hombre se desprende de la razón es como cuando las ramas se desprenden del árbol, que no les aguarda otro destino sino amustiarse. Cuando el aborto se acepta como una conquista de la libertad o del progreso, cuando se niega o restringe el derecho a la vida de las generaciones venideras, nuestra propia condición humana se debilita hasta perecer; y entonces nos convertimos, irrevocablemente, en esos nadadores a favor de la corriente que, sin advertirlo, aceptan su propia muerte con tal de no bracear. Porque muertos están quienes por cobardía, por estolidez, por conformidad con las ideas establecidas defienden el aborto; y también quienes con su silencio o indiferencia lo amparan, quienes con su anuencia sorda respiran sus miasmas, fingiendo que no les contagian.
A los soldados aliados que, en su avance hacia Berlín, liberaban los campos de concentración donde durante años se habían hacinado prisioneros famélicos, puras radiografías de hombre despojadas de su dignidad, no les estremecía tanto el espectáculo dantesco que se desplegaba ante sus ojos como la pretendida ignorancia de los lugareños vecinos, que habían visto llegar trenes abarrotados de presos al apeadero de su pueblo, que habían visto humear las chimeneas de los hornos crematorios, que habían visto descender la ceniza de los cadáveres incinerados sobre sus tierras de labranza y, sin embargo, habían fingido no enterarse de lo que estaba sucediendo ante sus narices. Con esta nueva forma de holocausto que es el aborto ocurre lo mismo: llegará el día en que las generaciones venideras, al asomarse a los cementerios del aborto, se estremezcan de horror, como hoy nos estremecemos ante las matanzas que ampararon los totalitarismos de hace un siglo (sólo que, para entonces, las cifras del aborto serán mucho más abultadas, vertiginosas de tan abultadas); pero se estremecerán, sobre todo, ante la complicidad tácita de una sociedad que, dimitiendo de su humanidad, prefirió volver el rostro hacia otro lado cuando se trataba de defender la vida más inerme, que incluso aceptó el aborto como un instrumento benéfico, entronizándolo en la categoría de «derecho». A esas generaciones futuras les consolará, sin embargo, saber que, mientras muchos de sus antepasados renegaba de su condición humana, acatando la barbarie y bendiciéndola legalmente, hubo unos cientos de miles de españoles que el sábado 17 de octubre de 2009 salieron a la calle para gritarle a una sociedad que yacía agusanada en la tumba: «Levántate y anda». Y, agradecidos, comprobarán que, con su gustoso sacrificio de nadadores a contracorriente, aquellos cientos de miles de españoles irradiaron vida en un mundo acechado por la muerte

martes 20 de octubre de 2009

Aborto y EPC

Por : Teresa Jaurrieta

La manifestación del sábado en apoyo de la vida debe ser un punto de partida que nos comprometa a revisar nuestra actitud personal pro-vida. Debe impulsarnos a formarnos, a informar, a apoyar a la mujer embarazada, a preguntarnos sobre la acogida a los niños y a las familias, a valorar la primacía del ser sobre el tener, a educar en la cultura de la vida.

Es importante detener esta ampliación de la ley del aborto que pretende el partido en el poder. Es también necesaria la derogación de la ley vigente que apoyó durante su gobierno el partido que hoy está en la oposición, aunque quizás parezca que estos ambiciosos objetivos no estén en manos a los ciudadanos de a pie, de quienes no estamos en las instituciones y no votamos las leyes, aunque siempre podamos salir a la calle, como hoy, a expresar nuestras convicciones.

Sin embargo, todos y cada uno de nosotros podemos parar este despropósito en el día a día y con nuestra educación y ejemplo demostrar que cada vida importa, que cada vida “me” importa. Trasmitir la cultura de la vida es tarea urgente y cotidiana, en la familia, en la calle y en la escuela. De la importancia de los agentes educativos externos sabe mucho este gobierno: por eso quiere convertir la escuela en la herramienta adoctrinadora de sus postulados mortales. Además de la obligatoria “Educación para la Ciudadanía”, que enseña a comportarse según los sentimientos propios, que la igualdad de la mujer ha conseguido liberarla de la maternidad, que lo importante del sexo es “hacerlo seguro”, o que el sentido moral de nuestros actos es relativo y la ley positiva es la única norma moral, la cultura de la muerte está introduciéndose en el ámbito educativo también a través de su “Proyecto de ley orgánica de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo”. Esta ley extiende la perspectiva de género y la mentalidad anticonceptiva en las escuelas (Capítulo III aa. 9 y 10).

El proyecto de salud sexual y reproductiva quiere implantarse en el ámbito escolar como parte del proyecto adoctrinador gubernamental a través de Educación para la Ciudadanía o transversalmente utilizando otras asignaturas.

Pararlo está al alcance de todas las personas implicadas en el ámbito educativo: padres y colegios. ¿Les vamos a dejar?

Manifestarse una vez al año, es importante. Resistir las leyes injustas día a día es más difícil y más comprometido. Pero es imprescindible.

La impartición de Educación para la Ciudadanía a la española es un paso anterior y necesario para establecer la bondad del aborto. Una y otra van unidas, forman parte del mismo proyecto.

A más educación para la ciudadanía, más aborto. Parar esta dinámica mortal está en nuestras manos.

Los límites de la sexualidad o la sexualidad sin límites para niños

Por Marisa Pérez Toribio

Se llega a defender, incluso, lo que denominan «relaciones sexuales intergeneracionales» (un término políticamente correcto para evitar las connotaciones negativas que a día de hoy tiene lo que todos conocemos como pedofilia o pederastia) siempre que exista consentimiento por parte del menor.
Llega a mis manos un artículo publicado en 1996, en el número 65 de la revista HIKA. Reconozco que desconocía la existencia de tal publicación. La curiosidad me hace indagar un poco y me encuentro con que esta publicación se presenta como «revista de la izquierda vasca». El título del artículo en cuestión es el siguiente: ¿Tiene edad el deseo sexual? En él se defiende una posición personal claramente ideológica:
«El derecho al placer sexual es negado a las personas fuera de la edad reproductora: niños y ancianos. Esta negación, en el caso de la infancia, se llega a regular legalmente mediante la edad de consentimiento (…) Es cierto que no se tiene la misma capacidad de decisión a los 3 que a los 10 ó 15 años ¿Dónde está el límite para el consentimiento? (…) En primer lugar, en una relación sexual no deberíamos fijarnos en la edad, sino en la forma en que se da esa relación, en si hay o no coacción. En segundo lugar, se trataría de defender una política sexual basada en la autodeterminación, es decir, en la capacidad de las personas para decidir libremente el tipo de relaciones sexuales que desea mantener. Autodeterminación también para las personas hoy consideradas menores de edad».
Esta opción se apoya en la postura radical defendida por Gayle Rubin, antropóloga americana, activista de las políticas de género, y firme defensora de todo tipo de prácticas sexuales, sin límite, ni siquiera de edad, siempre que sean relaciones consentidas: «Una moralidad democrática debería juzgar los actos sexuales por la forma en que se tratan quienes participan en la relación, por el nivel de consideración mutuo, por la presencia o ausencia de coerción y por la cantidad y calidad de placeres que aporta. El que los actos sean homosexuales o no, en pareja o en grupo, desnudos o en ropa interior, libres o comerciales, con o sin video, no debería ser objeto de preocupación ética. Partiendo de estas ideas, tendremos que poner los medios para proteger los derechos de las personas que no han consentido en esas relaciones sexuales. En el caso de las relaciones sexuales intergeneracionales se tratará de proteger los derechos de las personas menores pero sin confundir protección con paternalismo. Hoy en día se les niega a las personas menores cualquier posibilidad de decisión, somos las personas adultas quienes decidimos por ellas qué es lo que les conviene. Las personas menores son capaces también de decidir en el terreno sexual. Reconozcámosles ese derecho».
La cita anterior de esta antropóloga, recogida en dicho artículo, está sacada de su ensayo «Reflexionando sobre el sexo: notas para una teoría radical de la sexualidad». Dentro de su postura radical, que queda ya de manifiesto desde el propio título, llega incluso a cuestionar las leyes que protegen a la infancia: «La ley es especialmente fiera en la tarea de mantener la frontera entre la "inocencia" infantil y la sexualidad "adulta" (…) La cantidad de leyes dedicadas a proteger a la gente joven de una prematura exposición a la sexualidad resulta sorprendente».
Este artículo, en el contexto de una publicación que ya se define como «revista de la izquierda vasca» y dirigida a un público adulto, no es más que una artículo de opinión que defiende una postura personal, absolutamente radical y claramente ideológica, que se puede compartir o no. Cuando este artículo se convierte en el texto de una Guía didáctica dirigida a alumnos de Secundaria (aunque tal como dice la guía «hay actividades que podrían muy bien plantearse en niveles de Primaria») la cosa cambia drásticamente. A partir de ese momento, la opción personal, moralmente discutible, de una antropóloga radical, se convierte en una imposición moral e ideológica a niños entre 12 y 16 años, como si se tratara de una verdad absoluta e indiscutible. Dicha Guía está incluida dentro del numeroso material educativo que ofrece la Federación estatal de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (FELGTB), y que lleva años siendo utilizado en colegios e institutos de toda España. En la propia introducción ya se deja clara la finalidad de la misma y el porqué de su utilización en la enseñanza secundaria obligatoria: «Porque es la edad en la que se descubre y asume, de forma más consciente, la propia sexualidad. (…) y porque el carácter de obligatoriedad de este nivel permite que los valores de la educación que pretendemos desarrollar pueda abarcar a toda la población escolar».
De esta forma, con la excusa de transmitir «el respeto a la diferencia por orientación sexual» (para lo que utiliza nada menos que 396 páginas) y dentro de la Unidad didáctica «Los límites de la sexualidad», se hace asumir a los niños la forma de entender la sexualidad de un determinado colectivo, minoritario y radical, descalificando y rechazando la de otro sector de la sociedad: «En nuestra cultura, marcada fuertemente por la impronta de la moral judeo-cristiana, la sexualidad ha tenido siempre connotaciones negativas, y su único objetivo lícito ha sido el encaminado a la reproducción. (…) Por ello, hay que romper con los lastres del pasado y recuperar una concepción positiva de la sexualidad (…) Los límites de la misma son los que cada individuo quiera establecer».
Como hemos visto, se llega a defender, incluso, lo que denominan «relaciones sexuales intergeneracionales» (un término políticamente correcto para evitar las connotaciones negativas que a día de hoy tiene lo que todos conocemos como pedofilia o pederastia) siempre que exista consentimiento por parte del menor, un menor al que hay proteger, como hemos visto, sin «paternalismos» y, a ser posible, sin leyes restrictivas. ¿Podemos admitir, sin más, que un menor, un niño, puede consentir libremente una relación sexual con un adulto, sin que su conciencia esté siendo manipulada y violentada? Estoy segura de que no. El simple hecho de imponer esta visión particular, manipulada e ideológica a niños en la escuela ya es una forma de forzar y violentar su conciencia para que asuman como normal la pedofilia y cualquier tipo de práctica sexual, y rompan con los «lastres del pasado», entre los que están, sin duda, la moral que les hayan transmitido sus padres en casa.
No nos engañemos. El planteamiento de esta guía, por brutal que les parezca a algunos, no es una excepción. Es exactamente el mismo que se está haciendo desde la asignatura de Educación para la Ciudadanía (EpC), tanto en lo que respecta a romper con los lastres del pasado y huir de paternalismos con su defensa a ultranza de la autonomía de los niños, como en la ausencia de referentes morales y de límites, especialmente en materia de sexualidad. Veamos sólo un ejemplo. El libro de EpC de la editorial Mac Graw Hill de 2º de ESO (dirigido a niños de 13 años) defiende, basándose en los «principios de tolerancia y flexibilidad» que «la mayor parte de las llamadas ‘perversiones sexuales’ carecen de sentido, pues, en último término, no serán sino diferentes formas de conducta que, como toda conducta humana, se caracterizarán por su variedad y su multiplicidad de formas». Con el mismo planteamiento, en el libro del profesor de la editorial Pearson-Alhambra de 2º de la ESO (recordamos, dirigido a niños de 13 años) se recomienda como material de interés, dentro del tema «Del yo al nosotros», la página web Islaternura, en la que hay una sección denominada Tablón de Anuncios, que tiene una opción específica para establecer contactos entre «jóvenes y maduros». Una opción fácil y discreta para facilitar a los niños, si así lo desean, lo que la Guía didáctica de la FELGTB llama «relaciones sexuales intergeneracionales».
Antes del verano, Gabilondo lanzaba este mensaje a la sociedad: «Tenemos que interiorizar seriamente qué valores estamos transmitiendo a los jóvenes». No sabemos cuánto va a durar todavía su proceso de interiorización. Esperemos que no tengan que producirse, de nuevo, sucesos tan graves como los que llevaron a Gabilondo a hacer estas declaraciones antes del verano para que reaccione y adopte medidas urgentes y drásticas que hagan que la escuela dejar de ser el campo de manipulación ideológica en que lo han convertido algunos.

martes 13 de octubre de 2009

¡Ni un paso atrás! La batalla de los padres frente a Educación para la Ciudadanía


Profesionales por la Ética tiene el gusto de invitarle al acto de presentación del libro

¡Ni un paso atrás! La batalla de los padres frente a Educación para la Ciudadanía

Intervienen:

D. Antonio Arcones. Director de Criteria Club de Lectores.

D. Ramón Pí. Periodista. Grupo Intereconomía.

Dª Teresa García-Noblejas. Directora de Comunicación de Profesionales por la Ética.

Jueves 22 de octubre de 2009. 20, 00h.

SALONES RIOFRÍO. c/ Marqués de la Ensenada, 16 (junto a plaza de Colón). Madrid.

miércoles 30 de septiembre de 2009

El mundo del revés: ¡Matar es un derecho!

Por Monseñor José Ignacio Munilla, Obispo de Palencia
El jueves 24, fiesta de la Virgen de la Merced, tuve la gracia de visitar el Centro Penitenciario de Dueñas (Palencia), donde celebré la Eucaristía con un numeroso grupo de cientos de presos, en honor a su Patrona. Uno de ellos, de nombre Manuel, compartía conmigo la dura experiencia de su vida, en presencia de otros reclusos. No olvidaré su rostro ni sus palabras: “Mire usted, a mí me pasó una cosa muy simple: Empecé por matar a Dios, borrándolo de mi conciencia; para luego continuar agrediendo a mi familia, a mis amigos y a todos los que se cruzaban en mi camino, y ya no me detuve ni ante el respeto debido a la vida misma”.

¡Me sentiría yo mucho más seguro en una nación gobernada por Manuel, que por alguien que sostenga que matar a una criatura en el seno materno, es un “derecho”! ¡Me fío mucho más de quien ha tocado fondo en la vida, por muy bajo que haya caído, y que ha hecho la experiencia humilde del retorno a la sensatez; que de aquel otro que se cree que va a reinventar una nueva civilización, y se muestra seguro en la soberbia de su ideología!

Oídos sordos a la razón

En la sesión extraordinaria del Consejo de Ministros realizada el sábado, día 26, se ha aprobado el Proyecto de reforma de la Ley del Aborto, en el que se propone una mayor liberalización de este crimen, llegando a la aberración de considerarlo como un “derecho”. Se trata de pasar de la actual “despenalización” de un mal, a su consideración como un bien.

La razón de ser de esta iniciativa es doble: una es la puramente ideológica (tengamos en cuenta que en España ya padecemos, en la práctica, el aborto libre); y, la otra, la tutela de las clínicas abortistas, para que el fraude generalizado que cometen actualmente, pueda tener amparo legal.

¿Qué otras razones podrían esgrimirse para justificar esta decisión política? Es conocido que en España estamos ante un auténtico invierno demográfico, y que el aborto es la principal causa de mortalidad. Más aún, España es el país de la Unión Europea que ha incrementado en los últimos diez años el número de abortos en un mayor porcentaje, con un 126%. A gran distancia le sigue Bélgica con el 36% de aumento y Holanda con un 26%. Mientras que Italia ha disminuido en un 9,71%, Alemania, en un 10,71%, y Polonia ha disminuido un 89,31%.

En consecuencia, no parece que puedan argüirse razones de política demográfica. España necesita urgentemente españoles, y la solución propuesta es… ¿¿otorgar el derecho de eliminarlos?? La única explicación para esta sinrazón es la puesta en práctica de un ideario de ingeniería social, donde el aborto es esgrimido como una bandera del feminismo… Y, sin embargo, cada vez constatamos con más frecuencia que la madre no es sino la segunda víctima del aborto. Más aún…, cuando el feto abortado es de sexo femenino, ¿dónde quedan los derechos feministas de esa “nueva mujer”?

Con la claridad y la transparencia que le caracterizaban, decía la Madre Teresa de Calcuta: “El más grande destructor de la paz es el aborto porque, si una madre puede matar a su propio hijo, ¿qué nos queda a nosotros, matarte a ti y tú matarme a mí? ¡No nos queda más que eso!”. Sus palabras han resultado proféticas, habida cuenta de que el incremento del número de abortos en España, ha ido en paralelo al aumento de los índices de criminalidad, como es el caso de la violencia doméstica.

El peor de los males

Pero no pensemos que el aborto mismo es el peor de los males, por mucho que se trate de la cruel eliminación de vidas inocentes. Todavía hay un mal que podría ser mucho más nefasto: me refiero al hecho de que la liberalización del aborto pudiera tener lugar sin resistencia social alguna; sin que tal noticia tuviese la capacidad de sacarnos de nuestras preocupaciones cotidianas; sin que nuestra conciencia se sintiese conmovida. Si tal cosa sucediese, estaríamos ante la certificación de un mal inconmensurable: la muerte de la conciencia moral individual y colectiva, mucho más funesta que la misma muerte física.

Afortunadamente, tenemos noticia de que cuarenta asociaciones han reaccionado con presteza, convocando una gran manifestación para el día 17 de octubre en Madrid. El lema de la convocatoria es: “Por la Vida, la Mujer y la Maternidad”. La información necesaria podemos encontrarla en http://cadavidaimporta.org/. Confiamos en que esta iniciativa sea un signo del despertar moral de nuestra sociedad. No es hora de cruzarse de brazos, sino que tenemos el deber de actuar, de “dar la cara” en favor de la vida. ¿Si no lo hiciésemos por esta causa, por qué otra lo habríamos de hacer?

Ni un paso atrás